Primer encuentro ConverCom 2018: Regulación, Infraestructura, Innovación y Competencia
21/03/2018

Hacia un único mercado convergente nacional con despliegue de infraestructura, competencia efectiva y neutralidad tecnológica

[El martes 14 de agosto de 2018, en la sala 2 del 2do piso del Edificio Anexo de la Cámara de Diputados, la Comisión de Comunicaciones e Informática de ese cuerpo se reunió para escuchar las exposiciones de especialistas y empresas en el comienzo del debate del proyecto de ley 0044-S-18 (proyecto de ley en revisión por el cual se fomenta el despliegue de infraestructura y competencia de las teconologías de la información y la comunicación-TIC. Modificación de las leyes 27.078 y 27.208). En ese contexto, expuse las siguientes ideas]

Señoras y señores diputados,

Muchas gracias por la invitación. Mi nombre es José Crettaz, soy licenciado en Comunicación Social y magíster en Administración de Empresas, y vengo a exponer en nombre del Centro de Estudios sobre la Convergencia de las Comunicaciones (Convercom), un grupo de especialistas que en los últimos años fue advirtiendo individualmente, cada uno desde su ámbito profesional, el estancamiento de la Argentina en el despliegue de su infraestructura de comunicaciones y el consiguiente impacto de ese atraso en el desarrollo económico, social y cultural de los argentinos.

Y vengo a contarles, si me permiten, esa triste historia, que esta cámara tiene la oportunidad de empezar a cambiar.

La Argentina ha sido un país pionero en la adopción de las tecnologías de la comunicación. El telégrafo, la radio, la televisión por cable, la telefonía móvil y el acceso a Internet son sólo algunos de los ejemplos que lo confirman. Y esa actitud llega hasta nuestros días con el lugar destacado que el país tiene en el ámbito del comercio electrónico o el que empieza a tener en las fintech y el agtech, entre otros sectores. Buena parte de estos desarrollos son fruto de la necesidad más que de la oportunidad, y muchos de ellos tuvieron origen en el interior profundo de nuestro país.

Pero desde el estallido socioeconómico de 2001 y con mayor énfasis desde 2003, aquel ímpetu emprendedor e innovador encontró un enorme obstáculo en políticas públicas desacertadas y regulaciones anacrónicas presentadas como novedosas. Hubo también una responsabilidad de la sociedad que no demandó mejores servicios con mayor énfasis y de los periodistas, académicos y demás actores de la vida pública que no advirtieron adecuadamente el retroceso que con barniz de modernidad estaba ocurriendo.

Mientras otros países avanzaron hacia regulaciones convergentes, que establecieron reglas comunes en mercados cuyas fronteras habían sido derribadas por la irrupción digital (como Estados Unidos, España, Chile, Brasil y México), aquí se optó por seguir el camino de las leyes de medios con finalidades exclusivamente políticas y carácter mayormente antidemocrático. Tal es así que en muchos de los países donde se aprobaron, este último tipo de leyes está siendo revisado y corregido, cuando no derogado (como en Ecuador o Bolivia) y en otros no termina de reglamentarse (como en Uruguay).

La ley de servicios de comunicación audiovisual de 2009, su reglamentación muy escueta en 2010, el fracaso de los primeros concursos de frecuencias en 2011, la judicialización de cuatro artículos y el fallo dividido de la Corte Suprema en 2013, la nueva ley de telecomunicaciones de 2014, nunca reglamentada, y hasta la ley de soberanía satelital de 2015 consumieron un tiempo precioso en discursos y debates inútiles.

Al menos en cada una de esas instancias se perdió la oportunidad de crear un marco regulatorio convergente que estimulara la inversión y la competencia. Por momentos asistimos a debates insólitos donde se hablaba de desmonopolización mientras se consolidaban durante años monopolios locales y oligopolios nacionales por servicios que descremaron a los usuarios, rehenes casi siempre de una sola red fija o móvil.

Y mientras eso ocurría, el acceso a Internet se hizo más caro y de peor calidad, algo que afectó sobre todo a los ciudadanos de menores recursos y a quienes viven más lejos de los centros urbanos. Tuvimos extensos apagones de telefonía móvil que afectaron a millones de personas durante jornadas enteras. La red 3G colapsó y la red 4G tardó en desplegarse porque durante una década no tuvimos licitaciones de espectro, el recurso vital de las nuevas comunicaciones.

Hubo negligencia, parálisis, malapraxis y probablemente corrupción, como lo advirtieron varios informes de la Auditoría General de la Nación.

En 2015, el decreto de necesidad y urgencia 265, aceptado por esta cámara, inició una nueva etapa que se está evidenciando especialmente trabajosa, con marchas y contramarchas. Con bastante improvisación pero con un nuevo rumbo.

Ya tenemos un incipiente y aún muy débil mercado convergente desde enero de este 2018 y sólo en el área metropolitana. Pueden empezar a verse los resultados de lo que se frenó durante tantos años en la localidad de Vicente López donde compiten dos redes de cable, una de cobre y una flamante de fibra al hogar. Aún sin paquetes formales de servicios, allí los precios están bajando y los servicios (medidos a grosso modo en ancho de banda y calidad de imagen) están mejorando. Son los primeros beneficios de la competencia convergente, aún incompleta porque todavía no se dio el paso de la paquetización.

Aunque sea un nuevo avance lento y trabajoso, el proyecto que esta cámara tiene en consideración va en aquella misma dirección. Fija un cronograma del comienzo de la competencia efectiva por zonas que contempla plazos generosos de protección a los actores más pequeños (protección que lamentablemente no distingue a los que innovaron e invirtieron de aquellos que sólo expoliaron a sus clientes y vecinos). Este proyecto impulsa tímidamente la compartición de infraestructura pasiva (necesaria para acelerar el despliegue de redes fijas de nueva generación). Libera porciones relevantes de espectro de la absurda cárcel en la que se pretendió congelarlo y plantea unas reglas básicas para el acceso de todos los jugadores a los contenidos relevantes. Es realmente una ley corta. 

Como se empieza a observar en los laboratorios de la convergencia, como Vicente López, y si se mira con ojos de usuario hubiese sido mejor ir más rápido y más decididamente. Con una sola ley de comunicaciones convergentes que unifique finalmente el frankenstein regulatorio vigente, lleno de flecos de normas diversas, antiguas y contradictorias.

Está claro que este proyecto es el resultado del consenso parlamentario posible y no del que podría desearse.

La ley corta será un paso más, todavía no definitivo, hacia una regulación que acelere el despliegue de redes de fibra, fundamentales para un desarrollo económico, social y cultural del país, con igualdad de oportunidades. Este no es un sector económico más porque la conectividad está en la base del desarrollo de muchos otros sectores y de la libertad de las personas de decidir en qué lugar del país quedarse a vivir o mudarse.

Con esta ley aprobada no se habrá resuelto aún lo que hace falta: que todos los servicios puedan ser ofrecidos y paquetizados por todos los operadores sobre cualquier red sin distinción de tecnologías y en cualquier lugar. Pero si este proyecto se convierte en ley, habrá nuevos instrumentos para desplegar redes fijas y móviles y se avanzará en infraestructura.

Eso no será suficiente porque aún queda pendiente cómo hará la Argentina para estimular la producción de los contenidos culturales y de entretenimiento, audiovisuales o editoriales, y servicios y aplicaciones de todo tipo que vayan a distribuirse sobre esas redes, qué lugar ocupará nuestro país en la globalización digital que pone en competencia a los productos y servicios locales con los del resto del mundo. Y qué espacio tendrá cada región argentina en ese nuevo mundo, que requiere una mirada más amplia, que comprenda la nueva economía digital y tenga también alguna dosis de geopolítica.

Una vez resuelta la hoja de ruta de la convergencia en infraestructura, será momento de dar esa otra discusión. Ojalá que ese debate sea pronto.

Muchas gracias

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