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Sin noticias del periodismo argentino en el nuevo contexto de la convergencia digital

El periodismo es la profesión encargada de comentar los problemas sociales en general. Para informar, en teoría, los periodistas investigan, acuden a fuentes, revisan documentos. En casos excepcionales producen información que no estaba en ningún lado. Averiguan, hablan de y con los políticos, los sindicalistas, los funcionarios, los maestros, a veces de los ciudadanos. El asunto es cuando hablan de los periodistas, ¿de dónde sacan la información?

En los últimos tiempos, la crisis de algunos medios puso en la discusión pública la precariedad de la profesión. Ahí aparece la solidaridad políticamente correcta de los que están frente a un micrófono, generalmente los más conocidos, que en el mejor de los casos dan voz a otros, menos conocidos que denuncian empleo mal pago, contratación informal, empresarios inescrupulosos, falta de paritarias. Lo que las audiencias no terminan de entender es qué tendrían de excepcionalidad esas condiciones que denuncian pero que son la regla del mercado laboral argentino. Paradójicamente, la profesión dedicada a informar tiene muy poca información de sí misma, más allá de los testimonios personales y los particulares reclamos de un perjudicado o un grupo en crisis.

No existen datos sistemáticos y confiables de cuántos periodistas hay, dónde trabajan, cuánto ganan. Ni siquiera hay consenso acerca de qué es ser periodista en la Argentina al punto que en esa etiqueta se engloban comentaristas con contratos millonarios a cuentapropistas que publican una nota de vez en vez o productores publicitarios de espacios en medios. En los últimos meses circula la cifra de 2500 puestos perdidos entre los periodistas desde 2016. Los datos que SIPREBA calcula surgen de información que le acercan delegados y trabajadores, y publican un detalle para 2016 que desagrega la mitad de la cifra en 359 despidos, 517 retiros voluntarios y 409 cesantías por cierre de medios. En estos encuadres engloban situaciones diversas como el retiro voluntario o jubilaciones de empleados. Sin embargo, la situación del colaborador que facturaba notas eventuales en un medio que cerró no es la misma que el empleado de la TV Pública que se acoge al beneficio de una jubilación anticipada basada en sueldos que en promedio rondan en los $85.000, dato que menciona Pablo Sirvén citando fuentes del sistema de medios públicos.

 

Los periodistas no son los medios

No se aporta al debate del periodismo cuando se confunde su situación con los avatares de algunos medios. En los últimos meses se discutió principalmente la crisis de tres grupos de medios de Buenos Aires (Szpolski-Garfunkel, Indalo y Octubre) y las medidas de fuerza en medios dependientes del Estado. En los numerosos casos en que los periodistas tenían contratos a través de terceras partes como universidades o programas ministeriales, ¿qué encuadre legal los protege? Los contextos de precariedad laboral, de contrataciones encubiertas, el pago fuera de convenio, ya existían cuando esos medios eran beneficiarios de estímulos financieros diversos, como subsidios, concursos y la pauta publicitaria. Los medios no son lo mismo que los periodistas.

Esta falta de datos se suma a la ausencia de estudios que permitan determinar perfiles profesionales históricos en Argentina. En 2012 un equipo a mi cargo empezó a buscar antecedentes para elaborar la muestra argentina del estudio global Worlds of Journalism que establecía parámetros estrictos, elaborados con criterios científicos que debían ser aplicados en los 67 países participantes. No existía entonces un censo de profesionales ni de medios, falta que no suplió el Registro Nacional de Proveedores de Publicidad Oficial (RENAPPO) creado en 2016 para registrar los proveedores publicitarios del poder ejecutivo. A fines de 2017 su padrón incluía 2201 proveedores entre medios, productoras, agencias de publicidad o personas físicas. En el momento de inicio del estudio, un directorio de una consultora había detectado bastante más, unos 3600 medios en todo el país que se tomaron de base para delimitar una muestra representativa de 160 organizaciones periodísticas seleccionadas por tipo de medios y distribución poblacional, entre las que a su vez se seleccionaron periodistas en todos los rangos jerárquicos. Otro requisito del estudio global era que los entrevistados fueran profesionales que recibieran del periodismo más de la mitad de los ingresos y que se dedicaran a la producción o edición de contenidos. Esta condición plantea una división entre los que ejercen eventualmente el periodismo y los que hacen de él su profesión principal, que fue el grupo que se estudió y que ofrece un perfil ocupacional para la discusión

 

¿Cuánto cobra un periodista?

La comparación de los datos argentinos con los otros países participantes señala que la mayoría de los problemas no son excepcionales sino parte de los cambios de la profesión a nivel global. Hay resultados que confirman que los problemas que se denuncian hoy ya existían antes de 2014, momento en que se hizo el trabajo de campo. Los resultados en promedio señalan que el periodista argentino es mayoritariamente un hombre (6 de cada 10) que ronda los 38 años y lleva más de 13 de antigüedad, muy preparado (la mayoría tiene formación universitaria o posgrado). El 79,9% de los entrevistados tienen algún tipo de contrato permanente con el medio, en consonancia con las medias latinoamericanas, y solo un 10,5% declara trabajar en la modalidad free lance. La exigencia de productividad es muy alta: producen o editan más de 30 piezas por semana para una media de dos redacciones. De todos los medios, las peores condiciones de trabajo las tienen los de gestión comunitaria, dentro de los que están los universitarios: hay menos mujeres (solo 25%), menos empleo a tiempo completo (54,2%), más de freelancers que los medios comerciales (sube al 16,7%), más pluriempleo (sus periodistas trabajan para 2,43 redacciones simultáneamente) con salarios más bajos que los de sus colegas de los medios comerciales o estatales.

No pocas veces la discusión pública se intensifica alrededor de los periodistas privilegiados, sea porque se trata de una primera figura que no renueva su contrato, sea por las medidas de fuerza de los empleados de medios estatales, los mejor pagos del sistema. Este franja superior gana mensualmente bastante más de U$ 5.000 y representa un tercio de los que los tienen el periodismo como principal fuente de ingreso. Pero el periodismo argentino es una profesión de muchos contrastes así que hay otro tercio que está en el otro extremo y declara ganar menos de U$1.500 al mes. Los sueldos son más altos, en general, en los medios estatales y más bajos en los comunitarios o de servicio público, en los que casi la mitad de los entrevistados estaba en la franja más baja.

 

Distribución de ingresos de los periodistas argentinos según datos Worlds of Journalism Study. (en U$ dólares, año 2014, N= 360 periodistas de todas las regiones de Argentina)

 

 

La participación de mujeres en la muestra general fue de 36,9%, lo que ubica a la Argentina en la 49ª posición entre los 67 países encuestados en la investigación global. Sin embargo, se trata de una proporción más alta que en otros trabajos y con más equidad de ingresos como los empleos estatales regulares, donde las mujeres son un tercio. La distribución por ingresos en el periodismo es bastante equilibrada en casi todas las categorías con excepción de la inferior de U$1.000 y la franja superior de más de U$5.000, en donde un tercio de los periodistas son hombres y un cuarto, mujeres.

Participación en las escalas salariales establecidas por Worlds of Journalism Study, por sexo (en U$ dólares, año 2014m N= 360 periodistas de todas las regiones de Argentina)

La encuesta reveló la baja pertenencia a asociaciones profesionales, a las que pertenece uno de cada tres periodistas. Este promedio es levemente inferior en los medios estatales, en donde una parte de los colaboradores están por contrato que a veces se hace a través de universidades o ministerios. Los factores son varios. Las organizaciones gremiales están muy segmentadas por especialidades, lo que les hace perder capacidad de incidencia en las condiciones laborales. Por otra parte, las negociaciones colectivas estuvieron suspendidas en Argentina desde 1975 hasta 2012 en que las retomaron los gráficos. La comparación con las escalas propuestas por la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (febrero de 2014) muestra que son inferiores al diagnóstico que hizo el estudio global para esa fecha. Un tercio recibía un salario menor al establecido por convenio para la categoría de Secretario de Redacción, así como más de la mitad de los entrevistados estaba por debajo de esa categoría, lo que indica que los sueldos de los cargos básicos estarían por encima del convenio. La máxima categoría de la paritaria estaba ubicada por debajo de la mitad de los sueldos relevados en la muestra. Por otra parte, la escala salarial propuesta por FATPREN también señalaría cierta paridad salarial en los ingresos por debajo de U$2.500, que comprendería el 59,8% de las mujeres y el 58,5% de los hombres.

Comparación ingresos declarados por los periodistas del estudio WJS y categoría correspondiente en la escala salarial propuesta por la paritaria para febrero de 2014

 

¿El periodismo argentino está en su peor momento?

La falta de datos sistemáticos es el peor obstáculo para el diagnóstico del sector. Cuando algunos sindicatos contabilizan más de dos mil puestos de trabajo perdidos para 2016 y 2017, se plantea la pregunta de cuándo empezó el achicamiento y si se aceleró en el último tiempo. Aunque no haya un registro de periodistas, sí vuelven a estar disponibles en la página del INDEC las series trimestrales de puestos de trabajo por actividad. Los números de los rubros donde podría inscribirse la actividad periodística muestran que la tendencia de merma de puestos de trabajo que hoy denuncian viene de bastante más atrás. Entre 2012 y 2015 para el rubro “Edición de diarios y periódicos” los puestos pasaron de 16.372 a 14.452. Si se toma el rubro general de “Edición e impresión; reproducción de grabaciones”, los puestos están al nivel de 2004, cuando se registraron 41.234 empleos en el sector privado, un poco menos que los 42.886 puestos de 2016. El pico de la actividad fue en 2008 con 52.458, pero de ahí hacia hoy la tendencia es decreciente, con un desgranamiento de esos diez mil puestos en una década.

 

Con relación a los salarios, el informe del INDEC para 2014 informa un sueldo promedio para el rubro “Edición de diarios y periódicos” de $16.737 y para “Cine, radio y TV” $12.916, números cercanos a la máxima categoría propuesta por FATPREN para ese año. Pero se impone la comparación de estos salarios con los de otros rubros, como Enseñanza, donde el promedio es $6.106 o Salud $11.013, por comparar con dos rubros donde se exige profesional capacitado. Esto muestra que no pueden discutirse las condiciones de trabajo de los periodistas por fuera de los problemas generales del mercado laboral que describe el reportaje de Tamara Tenembaum, donde los contratos eventuales y el cuentapropismo son parte indivisible de la convergencia digital.

El periodismo fue una de las primeras profesiones en integrar prácticas de la nueva economía pero lejos de ofrecerse marcos legales para los nuevos contextos muchos vieron los cambios como una amenaza y se abroquelaron a conquistas de un mundo que ya no es, tratando de mantener funciones que ya no existen o enseñando sistemas de medios que no volverán. Lejos de mantener a los periodistas en el sistema tradicional, muchos se vieron obligados a aceptar contrataciones por fuera de los convenios que dejaron a los sindicatos sin afiliados, con lo que perdieron fuerza de negociación y luego, más afiliados y así el círculo se cierra ahogando aún más a los periodistas. Sin contención de organizaciones profesionales, los reporteros enfrentan un problema adicional cuando los confunden con los medios y deben responder ante la sociedad por los privilegios de sus empleadores, que nunca terminaron de derramar sus riquezas en los periodistas. O como cuando muchos daban por sentado que la reforma a la propiedad de los medios audiovisuales y la aparición de medios comunitarios iba a representar un cambio de condiciones laborales. Rara expectativa para una ley como la 26.522 de reforma de la propiedad audiovisual que no mencionaba a los periodistas más que dos veces y solo en su calidad de productores. Llamativamente las cifras de empleo de los periodistas empezaron a declinar desde 2009, el año de su sanción, sin que eso despertara un entusiasmo equivalente por actualizar la ley profesional que data de 1948. Por esos años la cultura pop ponía a un periodista a hacer de Superman, un súper héroe que en las horas en que no salvaba al mundo iba de traje a un diario. El siglo XXI, el cómic viste de Hombre Araña a un periodista free lance que reparte pizzas y soporta la arbitrariedad de un jefe que lo amenaza con no pagarle si no trae la foto. Y no tiene quien lo defienda.

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