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No hay ninguna razón para limitar ciertas voces con el pretexto de que vengan otras

[El 28 de septiembre de 2013, en la audiencia pública convocada por la Corte Suprema de Justicia argentina antes de dictar su fallo sobre la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, uno de los testimonios más lúcidos y menos recordados fue el del doctor Eliseo Verón. También fue esa una de sus últimas intervenciones porque el semiólogo falleció el 15 de abril de 2014. Aquietadas las pasiones que caracterizaron los debates sobre la ley audiovisual de 2009 y en un nuevo contexto, vale la pena repasar aquella exposición de 7 minutos en la que Verón señaló algunos de los desafíos de la comunicación convergente. Lo que sigue a continuación es la desgrabación de esa discurso]

Mi nombre es Eliseo Verón y en los siete minutos que tengo quisiera evocar dos campos de problemas que son esenciales en una reflexión que intente llegar a ciertas decisiones importantes sobre políticas públicas relativas a los medios.

El primer campo de problemas, es el histórico. Es importante tener claro cuál fue la evolución de la producción de la información en nuestras sociedades que nos fue llevando a la situación en la que nos encontramos hoy. Sobre eso sólo voy a señalar una cuestión, centrándome en lo que se llamó newspaper (que no fueron diarios al principio porque no tenían esa periodicidad).

Ese soporte papel fue durante mucho tiempo el centro crucial de la producción de información en las sociedades de Occidente. Los primeros newspapers nacen a mediados de la primera mitad del siglo XVII, en el 1600 y algo. Hasta ahora son unos 400 años de historia. De ese período hay una parte bastante breve en la cual -pienso- se puede verificar que hubo una relativa autonomía y sustentabilidad de las empresas que producían información. Eso fue en el siglo XX, más o menos entre 1920 y en los 80, cuando ya empezó a sentirse una crisis en los diarios, que era anterior a Internet pero a la que Internet le da el último golpe gracia.

Si retiramos esos 60 años de relativa autonomía y sustentabilidad, en los otros más de 300 años de historia, los newspapers estuvieron siempre al servicio de los políticos. Porque, además, eran los políticos los que financiaban los diarios y es bien conocido que cada vez que había en algún Parlamento un cambio en los equilibrios de poder había newspapers que desaparecían y otros que nacían.

Los newspapers en la mayor parte de su historia estuvieron al servicio de la política. Ese período privilegiado del siglo XX es un momento en el que tuvieron una cierta sustentabilidad y una cierta rentabilidad. No hay que olvidar esos elementos porque la historia cuenta que fue el único período en el que las empresas de producción de información estaban en condición de enfrentar, si eso se daba, a los gobiernos.

El segundo campo de problemas es la necesidad de prestar mucha atención a lo que pasa en este momento, la nueva situación que ha generado Internet. Yo creo que si uno junta las dos cosas, el horizonte histórico e Internet empieza a entender en qué estamos y hacia dónde tendría que ir una buena reflexión sobre políticas públicas de los medios.

Hay más pero yo hice una lista de cinco aspectos de la situación actual generada por la mutación de Internet, que es una mutación del acceso a los medios. Internet no es un nuevo medio, es una revolución en el acceso a los discursos de los medios.

En primer lugar, las condiciones tradicionales de ese siglo XX de construcción de las audiencias. Las audiencias relativamente pasivas que esperaban consumir una información preprogramada van a desaparecer. Eso va a desaparecer.

En segundo lugar, como consecuencia de la llamada digitalización es casi una exigencia cotidiana el uso de la totalidad de los soportes técnicos, el texto, la imagen, el sonido, todo tiene que ser usado porque se ha transformado en una especie de exigencia básica de los consumidores. Y esto hace que la producción de la información sea muy cara.

El tercer punto es técnicamente más específico pero tiene que ver con el fin del broadcasting que es el fin de la manera en la que se constituían las audiencias y los públicos antes de esta situación.

Esto hace, en cuarto lugar, que haya que repensar totalmente la profesión del periodismo. Hay que pensar desde cero qué significa ser periodista hoy en día.

Y cinco, supone ir construyendo lentamente nuevos saberes sobre formas interactivas y de relación social que hace unos pocos años no existían, Twitter, Facebook, las redes sociales. Todo eso hay que pensarlo y lleva mucho tiempo. Quiero decir, la situación actual es mucho más compleja que la situación anterior.

Entonces, multiplicar los obstáculos de las voces existentes cuando lo que hay que enfrentar es una situación de esta complejidad a mi me parece totalmente descabellado.

Hago una última observación. Si uno mira el estado de la infraestructura tecnológica que está generando Internet, no hay ninguna razón para limitar ciertas voces con el pretexto de que vengan otras voces. Todas caben en la situación actual.

Dado que estos dos grandes campos de problema fueron perfectamente ignorados por la ley que fue sancionada por este gobierno, yo digo que esa ley era obsoleta el día que salió publicada en el Boletín Oficial.

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